Una experiencia de terror visual sin palabras
Azrael, la nueva apuesta cinematográfica de E.L. Katz, nos lleva a un mundo postapocalíptico donde el silencio es ley. Este original experimento de terror prescinde de diálogos, haciendo de los gestos y sonidos una parte fundamental de la narrativa. Tras el Rapto Bíblico ocurre el quiebre de la civilización, y, 100 años después, surge una premisa audaz: el silencio absoluto impuesto por sectas como norma para sobrevivir. La película, escrita por Simon Barrett, se inspira en una pesadilla personal, ofreciendo así un argumento donde el lenguaje es portador de pecado. Sin duda, esta elección estilística atrapa desde el inicio, aunque por momentos puede resultar monótona debido a su patrón reiterativo de persecuciones y enfrentamientos.
Un reparto comprometido con una ambientación inquietante
Samara Weaving nos sorprende una vez más con su entrega al papel, demostrando ser una auténtica fuerza en las escenas de acción. Ambientada en los paisajes otoñales de Estonia, Azrael se desarrolla en un escenario pastoral que recuerda a The Walking Dead, tanto por su estética como por la dinámica de sus supervivientes. Aunque esto aporta familiaridad al género, también resta originalidad en algunos aspectos visuales y conceptuales. A pesar del notorio esfuerzo de Weaving, algunas subtramas, como su relación con Nathan Stewart-Jarrett, resultan forzadas y poco convincentes, introduciendo clichés que diluyen el enfoque central de la historia.
Violencia y simbolismo en un desenlace impactante
A pesar de su ritmo desigual, Azrael ofrece una brutal demostración de violencia en sus minutos finales, con secuencias que ponen al espectador al filo del asiento. Las decapitaciones y los efectos prácticos son notables, aunque podrían haber sido aún más impactantes con un giro más hacia lo caricaturesco o con una atmósfera que abrazara más el aura sobrenatural. La película presenta un misticismo visual que, si bien es intrigante, a veces se siente demasiado estático, dejando enigmas sin resolver. La arquitectura de la iglesia y sus pinturas sugieren una mitología rica que apenas se explora en los escasos 86 minutos de metraje, quedando temas atractivos en un limbo narrativo.
Conclusiones
En mi opinión, Azrael es una propuesta innovadora dentro del terror, aunque se queda corta en la expansión de su universo narrativo. Las actuaciones de Samara Weaving y la atmósfera visual son sus puntos fuertes, consiguiendo momentos de auténtica tensión. Sin embargo, la falta de desarrollo en algunas tramas y su excesiva similitud con otras obras del género impiden que la película deje una impresión más duradera. A pesar de estos altibajos, Azrael demuestra que el cine de terror todavía tiene espacio para experimentación y nuevas formas de contar historias.