Un retrato vibrante de Inhambane
No puedo evitar sentirme cautivado por cómo “Balane 3”, dirigida por Ico Costa, cobra vida en la pantalla. A pesar de no seguir una narrativa tradicional y de no identificar a sus personajes por nombre, la película nos lleva a través de las calles de la ciudad mozambiqueña de Inhambane, capturando la esencia de su gente. La habilidad de Costa y el director de fotografía, Hugo Azevedo Aip, para mantener la cámara en la distancia ofrece una perspectiva única que nos hace sentir como observadores externos de una comunidad vibrante.
La interacción humana como protagonista
Lo que realmente me sorprendió de “Balane 3” fueron los momentos de interacción entre las personas. La película captura conversaciones sobre la vida, el amor y el sexo con una naturalidad impresionante. Esto se observa claramente en la escena frente a una escuela secundaria, donde las dinámicas de género se exploran a través de las miradas y conversaciones iniciadas por un valiente estudiante. Estas interacciones tan naturales se convierten en historias completas en sí mismas, proporcionando una narrativa envolvente incluso sin un guion tradicional.
La mirada del extranjero y sus implicancias
Algo que no pude evitar reflexionar durante la película es el papel de la mirada extranjera en la narración de historias locales. Costa, siendo portugués, nos recuerda el pasado colonial entre Portugal y Mozambique. A través de escenas que muestran tradiciones locales, como las negociaciones matrimoniales, uno se pregunta sobre la legitimidad de este enfoque. Sin embargo, la dirección de Costa nunca da la impresión de apropiación; su mirada es honesta y curiosa, similar a la de Claire Denis, quien también ha explorado historias en África desde la perspectiva de un extranjero.
Conclusiones
Al culminar mi experiencia con “Balane 3”, me siento tocado por su capacidad para tejer una narrativa rica usando solo fragmentos de la vida diaria. Aunque no hay un protagonista claro o un hilo conductor tradicional, la película logra ser un documental completo de una ciudad y su gente. La autenticidad con la que Costa captura estos fragmentos de vida hace que la obra sea cautivadora, incluso provocando reflexiones sobre la observación y participación extranjera en narrativas locales. Le otorgo un 8 por su innovación y profundidad en la representación de una cultura vibrante.