Un Inicio Prometedor
Desde el comienzo, 'We Bury the Dead' capta la atención con su premisa única. Dirigida por Zak Hilditch y protagonizada por Daisy Ridley, la película nos introduce al caos generado por un experimento fallido de armas en la costa australiana. La idea de personas que mueren súbitamente solo para regresar como seres sin conciencia pero con impulsos primarios es intrigante. Sin embargo, la habilidad de la dirección para mantener una atmósfera intrigante se diluye al caer en clichés del género de zombis.
El Viaje Emocional de Ava
Daisy Ridley encarna a Ava Newman, una mujer estadounidense que viaja a Tasmania con la esperanza de encontrar a su esposo Mitch, interpretado por Matt Whelan. Ridley transmite bien las emociones de Ava, aunque a veces sufre con el acento estadounidense, logrando su mejor actuación en las escenas de silencio. Su viaje, acompañado por el habitante local Clay, interpretado por Brenton Thwaites, nos lleva por un relato de búsqueda y descubrimiento en un mundo post-apocalíptico.
Desaprovechando un Enfoque Original
Quizás uno de los aspectos más frustrantes de la película es cómo abandona su enfoque original de los 'zombis' al adoptar elementos tradicionales del género. Aunque las preguntas existenciales sobre la vida y la muerte se insinúan, no se desarrollan completamente. El resultado es una cinta que se siente fragmentada e incompleta, especialmente cuando convierte a los 'muertos' en los clásicos caminantes sin alma que carecen de una explicación sobre la transmisión del 'virus'.
Momentos de Luz entre la Oscuridad
A pesar de sus desvíos, 'We Bury the Dead' encuentra momentos de sinceridad emocional, especialmente en las actuaciones secundarias como la de Mark Coles Smith. Su papel como Riley agrega profundidad y dolor genuino a la trama. Estos destellos de autenticidad y el evocador score de Chris Clark son lo que sostienen la película, manteniéndola vista cuando se inclina hacia lo predecible.